Palabras de Merton

Reflexiones personales, intuiciones, metáforas, observaciones y juicios sobre lo que Thomas Merton (1915-1968) escribió entre 1956 y 1966.

…pienso que a un hombre se le conoce mejor por sus preguntas que por sus respuestas.

Las Conjeturas de un espectador culpable es un libro que contiene una serie de esbozos y meditaciones, algunos poéticos y literarios, otros históricos y aun teológicos, reunidos en un cañamazo filosófico espontáneo e informal de tal modo que reaccionen entre sí.

Creer es así consentir, oír y obedecer a un mandato creativo que nos levanta de entre los muertos. Creemos no porque queramos saber, sino porque queremos ser.

La fe más alta es la voluntad no solo de nosotros mismos, sino de encontrarnos en Cristo por obediencia a su Padre.

Todos los hombres especialmente los que tienen talento, tienden a ser inconsecuentes. Su misma lucha con su inconsecuencia busca una salida y una solución en obras creativas.

Todo lo que se hace por naturaleza -dice A.K.Coomaraswamy- puede ser sagrado o profano según nuestro grado de conciencia, pero todo lo que no se hace por naturaleza es, esencial e irrevocablemente, profano.

La creencia religiosa, en el nivel más profundo, también es inevitablemente un principio de libertad. Defender la fe propia es defender la libertad propia y, al menos, implícitamente, la libertad de todos los demás. ¿Libertad de qué y para qué? Libertad de un control que no sea de algún modo inmanente y personal, un poder de amor. La creencia religiosa, en este sentido más elevado, es siempre entonces una liberación del dominio por parte de lo que es menos que el hombre, o enteramente exterior al hombre. A quien recibe la gracia de este tipo de iluminación religiosa, se le da una libertad y una experiencia que le hace no estar ya sujeto del todo a las fuerzas de la naturaleza, a sus necesidades corporales, a los dictados, meramente externos y humanos, de la sociedad, a la tiranía de las dictaduras. Esto es decir que su actitud hacia la vida es independiente del poder ejercido sobre él, exteriormente, por fuerzas naturales, por las pruebas y accidentes de la vida, por las presiones de una colectividad no siempre recional.

Sé que mi Iglesia no parece ser así a los que están fuera de ella; para ellos, la Iglesia actúa sobre un principio de autoridad, pero no de libertad. Se equivocan. En Cristo y en su Espíritu es donde se encuentra la verdadera libertad, y la Iglesia es su Cuerpo, viviendo por su Espíritu.

La fe básica cristiana es que quien renuncia a su engañosa autonomía individual para recibir su verdadero ser y libertad en y por Cristo, queda “justificado” por la misericordia de Dios en la Cruz de Cristo. Sus “pecados le son perdonados” en la medida en que la raiza de la culpa se destruye en ela entrega a Cristo hecha por la fe En vez de mi autonomía engañosa, entrego a Crsito todos los derechos sobre mí con la esperanza de que por su Espíritu, que es el Espíritu y la Vida de su Iglesia, vivirá y actuará en mí, y de que yo, habiéndome unido a Él, habiendo hallado mi verdadera identidad en Él, actuaré solamente como miembro de su Cuerpo y fiel ciudadano de su Reino.

…cuando uno decide hacer el bien sin atender a las consecuencias, la paradoja en definitiva es que las consecuencias serán buenas, y el bien que hay en ellas sobrepasará en mucho al mal posible.

Hay un bien moral objetivo, un bien que corresponde al valor real del ser, que produce y confirma el significado interior de nuestra vida cuando obedecemos a sus normas. Tal acto nos integra en el entero movimiento vivo y en el desarrollo del cosmos, nos pone en armonía con el resto del mundo, nos sitúa en nuestro sitio, y nos ayuda a cumplir nuestra tarea y a participar fecundamente en la obra del mundo entero y en su historia, tendiendo a sus sentido y cumplimiento definitivos. En resumen, es un acto de obediencia a Dios.

Dios quiere que actuemos por Él, por amor a la verdad, no por preocupación del inmediato interés material: por tanto, quiere que actuemos de “modo desprendido”. El desprendimiento no es pura indiferencia, sino sólo el concentrar la atención en el sujeto del acto mismo, no en los resultados o en las consecuencias. No somos responsables más que de nuestra acción, pero por ésta debemos asumir completa responsabilidad. Entonces los resultados se producirán por sí mismos, de un modo que no siempre podemos prever.

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