Enrique Diez-Canedo

En un recuerdo de José Luis Martínez sobre EDC comenta que Alfonso Reyes solía decirle: “A hombres como él (EDC) debemos el actual entendimiento y la mayoría de edad a que hemos llegado en materia de universalidad hispánica”  Este aspecto fundamental de la obra escrita por don Enrique está representado por otro de sus libros mayores (que no llegó a ver): Letras de América, Estudios sobre las literaturas continentales (El Colegio de México, México, 1944), con una “Noticia del editor” (Alfonso Reyes). Junto a los estudios de Pedro Henriquez Ureña y de Reyes, éste es uno de los libros básicos para acercarnos al conocimiento de nuestras letras hispánicas.

Enrique Diez-Canedo fue un poeta, traductor, crítico teatral, antólogo y ensayista de minorías, “de fino ingenio y concepto sutil”. Era un sabio dulce y bondadoso.

He leído una Antología de sus Conversaciones Literarias seleccionadas por Adolfo Castañón.

Aurora Diez Canedo preparó una edición de Juan Ramón Jiménez en su obra (1944) acompañada de Correspondencia Juan ramón Jiménez/Enrique Díez Canedo (1907-1944). Y pensar que el que se quejaba tanto de salud sobrevivió a la muerte de don Enrique. También incluye esta edición de 2007 ocho reseñas sobre el libro de don Enrique a parecidas en revistas de la época.

El desterrado

Todo lo llevas contigo,
tú, que nada tienes.
Lo que no te han de quitar
los reveses
porque es tuyo y sólo tuyo,
porque es íntimo y perenne,
y es raíz, es tallo, es hoja,
flor y fruto, aroma y jugo,
todo a la vez, para siempre.
No es recuerdo que subsiste
ni anhelo que permanece;
no es imagen que perdura,
ni ficción, ni sombra. En este
sentir tuyo y sólo tuyo,
nada se pierde:
lo pasado y lo abolido,
se halla, vivo y presente,
se hace materia en tu cuerpo,
carne en tu carne se vuelve,
carne de la carne tuya,
ser del ser que eres,
uno y todos entre tantos
que fueron, y son, y vienen,
hecho de patria y de ausencia,
tiempo eterno y hora breve,
de nativa desnudez
y adquiridos bienes.
De aquellos imperturbables
amaneceres
en que la luz de tu estancia
se adueñaba tenue
pintando vidrios y cuadros,
libros y muebles;
de aquellos días de afanes
o placeres,
de vacilación o estudio,
de tenso querer, de inerte
voluntad; de cuantos hilos
tu vida tejen,
no hay una urdimbre quebrada
ni un matiz más débil. ..
Nadie podrá desterrarte
de estos continentes
que son carne y tierra tuya:
don sin trueque,
conquista sin despojo,
prenda de vida sin muerte.
Nadie podrá desterrarte;
tierra fuiste, tierra fértil,
y serás tierra, y más tierra
cuando te entierren.
No desterrado, enterrado
serás tierra, polvo y germen.

De: El desterrado. 1940

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