EL SIGNIFICADO DE LA VIDA PRIVADA Comentarios a un texto de Manuel García Morente

Una de las cualidades que un filósofo siempre debiera tener es la humildad. La humildad se expresa en la sencillez y claridad de las reflexiones. Este es el caso del filósofo Manuel García Morente (1886-1942) En el Ensayo sobre la vida privada el filósofo español dio a conocer un mensaje poco leído pero muy claro: la necesidad de incrementar la vida privada, cuyo fin es el desarrollo de las funciones del espíritu y, de limitar de modo correlativo la vida pública que invade todos los ámbitos, reduciendo las posibilidades del silencio creador, la soledad íntima, la conversación fecunda entre dos amigos y, convierte nuestra existencia en enajenada plaza pública. Brevemente ofrezco aquí algunas notas sobre el significado de la vida privada.
En una época en que la vida humana se halla invadida por la vida pública constatamos el enorme peligro que supone para nuestra existencia humana la publicidad. En ninguna época de la historia humana la vida ha sido tan ruidosa y espectacular como la nuestra. La vida humana actual está volcada hacia fuera, predomina el vivir extravertido.
¿Qué es la vida privada y cuál es su importancia para un estado de la situación como la que se vive todos los días?
Existen tres tipos de relación o trato en que pueden estar dos personas: aquella en la que ninguno de las dos se conocen, este es el caso de las relaciones en la vida pública; aquella en la que uno de los dos conoce a la otra persona pero la persona conocida no conoce a éste, este es el caso de la fama; y finalmente la tercera posibilidad es la de dos personas que se relacionan, se conocen recíprocamente y es el caso de la amistad.
Salta a la vista, cuando menos para el autor, que antes de seguir su reflexión conviene aclarar qué significa “conocer a alguien”; es decir, ¿qué es conocerse?
Del acto de conocer conviene distinguir entre conocer en general, y conocer a una persona, en particular. Conocer algo es saber lo que algo es, pero conocer a alguien no podemos saber exactamente qué es, por la sencilla razón de que aquí lo conocido no es un objeto, una cosa ó la naturaleza sino más bien al conocer a una persona nos percatamos de que no la conocemos nunca del todo aunque digamos conocerla. Conocer algo no es lo mismo que conocer a alguien.
El excelente maestro de Lecciones preliminares de filosofía distingue entre lo que es saber qué es una persona y saber quién es una persona. Por supuesto, nunca podemos saber totalmente quién es una persona por esa cualidad inherente a su dignidad: su libertad. La persona es un ser libre que no podemos conocer en el sentido univocista del término. Conocer a una persona es un proceso que implica caer en la cuenta de que el conocimiento que podemos tener está en función del trato y la libre autodeterminación del sujeto. El trato o comercio con las personas es un conocer intuitivo, no demostrativo, directo, viviente, no puede ser reducido a conceptos, no es objetivo porque no es de objetos, sino más bien es subjetivo y abierto a las constantes mutaciones que en la relación se puedan ir dando. Si cada persona es única y establece una relación única con el mundo, conocer a una persona significa conocer ese mundo de la persona. Conocer a una persona vale tanto como tratarla y, por consiguiente, implica mutualidad de comercio; significa más bien conocerse. Conocer a una persona es participar y compartir con otra persona el mundo.
Existen también niveles o grados en la relación entre personas. La vida pública de los individuos supone el grado más ajeno de trato que dos personas pueden tener. El hombre que no conoce al otro sólo puede entrar en contacto con él a través de conceptos genéricos, funciones, roles sociales o profesiones. Hay casos lamentables en los que las personas hasta en su vida privada entran en comercio o trato con otras personas en este nivel de relación. Pero conforme la posibilidad de ir mas allá de la cosificación permite tener una vida humana, comienza la vida privada. En la vida privada hay relación entre personas que poco a poco se conocen o están dispuestas a hacerlo.
Las distintas formas de cortesía como el saludo o la visita son señales de que la vida privada puede comenzar. En nuestra época, por supuesto, ya casi no pensamos que la visita, por ejemplo, sea algo significativo de nuestra vida social, pero sí sabemos que podemos y debemos desarrollar nuestras propias formas de cortesía y socialización, donde, en la medida en que nos alejemos de la cosificación de nuestros intercambios, logremos un auténtico ser personal (no exento de esfuerzo y trabajo)
La vida privada entonces, es la que, para García Morente, permite desarrollar lo único, extraordinario y con autodeterminación que es el ser libre del hombre.
Existen tres formas fundamentales de vida privada, a saber: la amistad, el amor, y la soledad. En cada una de ellas, García Morente explica la finalidad, el ejercicio y sus condiciones indispensables de posibilidad. El influjo del esquematismo kantiano se hace muy presente en el estilo y la forma de presentar el tema .
La amistad, cuya finalidad es la colaboración vital, su ejercicio, la confianza y su condición indispensable, el respeto mutuo; es la primera y más superficial forma de vida privada. Luego viene el amor: su finalidad es la unión, su ejercicio es la confidencia y su condición indispensable es la dilección (que a falta de un término más preciso la concibe como necesidad del otro para vivir) Y por último la soledad, cuya finalidad es la salvación, su ejercicio la confesión (a uno mismo de lo que uno mismo es o debiera ser) y su condición indispensable: el ensimismamiento. Todas estas formas permiten desarrollar ese “conocerse” que es trato y comercio mutuo de alma a alma, esa compenetración o convivencia que es la relación privada.

Asistimos, pues, a una invasión de lo público en lo privado de tal manera que existe un empobrecimiento grave de lo que significa existir humanamente. Entre los dos polos de la masa gregaria y de la soledad personal oscila la existencia humana.
No debemos permitir que la vida humana sea sólo pública porque ocurren por lo menos dos cosas graves en aquellas formas preciadas de la vida privada. O bien la vida pública falsifica cada una de las tres formas de vida privada, o bien las anula. Cualquiera de las dos opciones que señala el autor empobrecen la vida privada de los individuos. Aquí se halla una interesante paradoja de la vida humana: si queremos una auténtica vida individual y social, debemos cultivar más nuestra vida privada que nuestra vida pública. La vida privada no es elitismo. La vida privada es la que nutre de verdad y justicia a la vida pública.

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