Carlos Monsivais (1938-2010)

3BFEn 2019, Ediciones Proceso reedita un libro de Carlos Monsiváis sobre Amado Nervo. Yo no sabía del entusiasmo que Carlos Monsivais tenía por la literatura mexicana. Le conocía sus diatribas y críticas ácidas al conservadurismo mexicano. Su afán por sociologizarlo todo y su populachera manera de escribir y pensar. Pero el autor fino, el cronista cultural, buen gusto literario, no contaban como rasgos característicos de su perfil periodístico. Yo te bendigo, vida (2002) es una crónica y una mínima antología de la obra literaria que yo conocí por primera vez en la biblioteca de mis abuelos maternos.

Amado Nervo (1870-1919) es quizás junto con Rubén Darío, el mejor poeta modernista de México. Lejos de ser una comparación descalificadora de su profunda originalidad, lo que es incuestionable es la estatura lírica y estética de un poeta que dejó diáfana espiritualidad de las letras universales. De la mano de Rafael Gutiérrez Girardot, Monsivais va desgranando de principio a fin la vida y la obra de Amado Nervo.

“Como los pueblos felices y las mujeres honradas, dice Nervo, yo no tengo historia.” Su vida feliz en Tepic, su padre que muere cuando él tiene 13 años de edad, su madre que lo manda a estudiar a Jacona (lugar de feliz memoria por el recuerdo que tengo del hijo de Felipe Teixidor, el fraile Antonio Teixidor) dejan a este niño la sensibilidad y la inteligencia encauzada a seguir una senda netamente espiritual.

Después de pasar por el Seminario, se decide por el periodismo en el puerto de Mazatlán. Y no sólo es el oficio lo que aprende rápido, sino el uso de los adjetivos para describir a las señoritas del puerto. En 1894, a los 24 años de edad, llega a la Ciudad de México. Todo un señorito, se dedica a ser sincero y a describir lo que ve y lo que siente en los distintos ambientes culturales que la ciudad dispensa. Es todo un personaje que sabe conversar de manera oral y de manera escrita. Siempre haciéndole un homenaje a lo que sale de su corazón, como lo exigía el programa romántico francés. En la Ciudad de México todo quiere ser francés.

Carlos Monsiváis no sabe ni disfruta el siglo XIX como lo hiciera doña Clementina Díaz y de Ovando. Pero si es un ferviente y piadoso creyente de la religión de la poesía Moderna. Con buen gusto literario y amplia curiosidad por saber de los poetas de México, Monsiváis sabe escribir en prosa lo que ellos siempre expresaron en su poesía. La piedad y devoción de Monsiváis está contaminada de prejuicios psicoanalíticos. El diagnóstico social y cultural que siempre ha sabido hacer Carlos Monsiváis ayuda a valorar el pulso y el tono de muchos poemas de Nervo. Pero lo que queda es cariño, cariño del bueno, por una literatura mexicana que es crónica de estos días de guardar.

Lo más sorprendente y destacable, para mi, de este reencuentro con el crítico literario es el reconocimiento de que la poesía de Nervo nace de la extraordinaria sensibilidad. Quien lee su poesía, se educa en el Espíritu que se perfecciona a través de la sensibilidad es lo que sostiene Monsiváis.

Así es de que Carlos Monsiváis, ya al final de su vida y su obra, perfeccionó el espíritu y generoso compartió una sensibilidad de su cariño cultivado, durante muchos años por la literatura mexicana. Ahora entiendo que se volvió un tipo divertido porque leyó y se dejó tocar por los mejores autores de nuestra cultura mexicana.

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s